Hace tal vez demasiado tiempo que tormentas avancargan contra el enardecimiento de continuar en pie bajo el fuego cruzado entre el destino y el esfuerzo, tal presión sistemática del la vocación y la turba de sentimientos semejantes crea una evolución de aquellas creencias autodestructivas, las cuales simplemente conducen a un modo extravagante de autolimitación, creando barreras donde solo existe falta de esfuerzo, carencia de riesgo.
Siendo esta problemática mas severa de la sociedad, la falta de compromiso por y con el esfuerzo diario.
Tal situación me lleva a pensar…
¿Que podemos hacer nosotros para cambiarlo?
¿Tenemos derecho a hacerlo?
¿No tiene que aprender cada ser por su cuenta, no es más importante que de todo dolor se encuentre el modo personal de victoria?
Fielmente creo que los que hemos aprendido a superar parte de nuestro camino tenemos el deber y la labor de instruir a los novatos o menos afortunados.
Y ese es el principio fundamental de praxis de un instructor. No debemos olvidar que nosotros hemos vencido gracias al esfuerzo y dedicación de nuestras limitaciones más perennes, que en un tiempo dimos por imposible toda victoria y hubiésemos pagado con alma y sangre por tener un manual, un mero apunte o puntualización de táctica y estrategia que seguir para de algún modo comprender o creer en la posibilidad vencer.
Nosotros tenemos el deber…
Vamos hacerlo.
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